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Me encanta cuando nos duchamos juntos. Nuestros cuerpos desnudos bajo el chorro caliente. Me gusta como me miras con ternura mientras enjabonas mi cuerpo dulcemente. Soy una niña en tus manos expertas.

Contemplo el agua discurrir por tu piel brillante, tersa. Se vuelve más elástica al enjabonarte, mis manos resbalan por su superficie vagando y explorando. Te excitan mis manos y así me lo haces saber. Yo también estoy excitada y te lo digo al oído, aunque es evidente.

 

Tenemos una cita secreta en un restaurante. Cada uno va a ir con su pareja con la excusa de que nos lo han recomendado. Cuando llegamos vosotros ya estáis. Nos sentamos en una mesa no muy alejada de la vuestra, yo frente a ti. Nuestras miradas se cruzan repetidamente con ardor. Estoy deseando follarte y supongo que tú también a mí.

En un momento te levantas y te diriges al baño. Yo voy tras de ti. Te cojo de la mano y te meto en una cabina del baño de señoras. Te empujo contra la pared y te beso locamente.

Tu correspondes a mis besos apasionadamente. Tu mano se aventura bajo mi falda, tocas mi braguita totalmente mojada y la arrancas de un tirón. Mientras ya has sacado la polla del pantalón totalmente enhiesta y me embistes contra la pared.

 

Ella, tranquila y ardiente, se acercó a la ventana. Nada cubría su opulento cuerpo. La luz que entraba por los enormes ventanales bañaba su piel Blanca. No tenia pudor alguno en enseñar su cuerpo a cualquier persona que pasara por la calle, a sus pies. Más de un hombre se detuvo a mirarla. Más de una mujer también. Otras, escandalizadas, tapaban la vista a sus hijos con la palma de su mano.