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Tenemos una cita secreta en un restaurante. Cada uno va a ir con su pareja con la excusa de que nos lo han recomendado. Cuando llegamos vosotros ya estáis. Nos sentamos en una mesa no muy alejada de la vuestra, yo frente a ti. Nuestras miradas se cruzan repetidamente con ardor. Estoy deseando follarte y supongo que tú también a mí.

En un momento te levantas y te diriges al baño. Yo voy tras de ti. Te cojo de la mano y te meto en una cabina del baño de señoras. Te empujo contra la pared y te beso locamente.

Tu correspondes a mis besos apasionadamente. Tu mano se aventura bajo mi falda, tocas mi braguita totalmente mojada y la arrancas de un tirón. Mientras ya has sacado la polla del pantalón totalmente enhiesta y me embistes contra la pared.

 

Ella, tranquila y ardiente, se acercó a la ventana. Nada cubría su opulento cuerpo. La luz que entraba por los enormes ventanales bañaba su piel Blanca. No tenia pudor alguno en enseñar su cuerpo a cualquier persona que pasara por la calle, a sus pies. Más de un hombre se detuvo a mirarla. Más de una mujer también. Otras, escandalizadas, tapaban la vista a sus hijos con la palma de su mano.