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Hacia frio ese día y la lluvia golpeaba los cristales del ómnibus que como cada mañana me llevaba al Campus. El día era gris y por dentro me encontraba inquieta, no sólo por las inclemencias del tiempo, si no por un turbador sueño que me había despertado a mitad de la noche. No recuerdo con exactitud lo ocurrido durante el sueño, pero sí que me desperté con una extraña sensación. Me levanté al baño y al mirarme al espejo comprobé que tenía las mejillas coloradas lo que desdibujaba las pequitas de mi cara. Sentía calor ahí abajo. Mucho calor. Y casi involuntariamente mi mano, sorteando el elástico de mi pijama, se coló dentro, se deslizó por encima de mis braguitas de algodón y al alcanzar mi sexo lo noté inusualmente húmedo. Mis dedos recorrieron mi sexo un ratito por encima de la suave tela y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

 

 

Me volví a la cama, pero ya no pude conciliar el sueño, así que pasado un rato decidí darme una ducha. Bajo el chorro potente del agua caliente volví a notarme más excitada de lo normal y aprovechando que ya estaba enjabonada comencé a acariciar los labios de mi coño con una mano, mientras la otra se centraba en acariciar mis sonrosadas tetitas, coronadas por unos pezoncitos anaranjados que se endurecían cada vez que mis dedos enjabonados los masajeaban. Mi otra mano mientras tanto acariciaba sin pausa mi sexo y entre tímidos gemidos uno de mis dedos se coló dentro de la vagina y empezó a juguetear en el interior de mi sexo. Un segundo dedo acompañó al primero y los dos comenzaron a entrar y salir sin pausa en mi coñito, cada vez más húmedo y caliente. Mmmmmmmm. estaba tan excitada que no tarde en sentir una enorme descarga que me estremeció por completo, estallando en un intenso orgasmo como hacía tiempo no sentía. Seguí aún un rato acariciándome los pechos, hundiendo mis dedos en mi vagina caliente, acariciando mi coño palpitante aún tras el imponente orgasmo, con las piernas temblando de tanto placer como sentía.

Salí de la ducha, azorada. Se me había hecho tarde. Me sequé deprisa. Tenía pensado hacerme como solía una trencita, pero con el apuro opté por dejarme el pelo suelto. Me puse unas braguitas negras, me enfundé unos jeans claritos que se ajustan perfectamente a mi silueta, un sujetador negro y un sweater beige, cogí mi abrigo y salí corriendo hacia la parada. Olvidé mi paraguas y tuve que apurarme para no mojarme mucho por la lluvia.

Y en el recuerdo de esas sensaciones estaba cuando en la siguiente parada subió al colectivo un hombre que enseguida llamó mi atención. Aunque soy joven y tengo un novio más o menos de mi edad, siempre me he sentido atraída por los hombres maduros y aquel era más que interesante. Quizás percibió que me fijaba en él porque se sentó a mi lado y pese a no conocernos me dio educadamente los buenos días. Yo repliqué con una sonrisa nerviosa con la que pretendía ocultar el calor que me provocó su cercanía. Olía bien, ligeramente perfumado. Se le veía atractivo y fuerte y su intensa y tierna mirada le hacía más que atractivo.

Pufffffffff, de inmediato me saltaron de nuevo los calores de la noche anterior y mi entrepierna comenzó a humedecerse. Más aún cuando con el vaivén del autobús una de sus piernas rozó la mía. Diossss, me estaba poniendo a mil por hora y en mi mente empezó a rondar la idea de iniciar conversación con él. Solo pensar en sentir sus brazos rodeando mis caderas me hizo mojar más y más. Pero me sentía incapaz de decirle nada.

Me quité las gafas y las guardé en el bolso, me sentía más segura sin ellas. El bus ralentizó entonces. Y me percaté entonces de que era mi parada.

-Me disculpa, -le dije armándome de valor- Me deja pasar, me quedo en esta parada. Estudio aquí en la Universidad, -dije atropelladamente.

-Si? Genial. Yo también me bajo aquí. Soy profesor de Literatura, -dijo sonriendo y con su mirada fija en mis ojos.

Me derritió con su mirada y mi vagina parecía ya un volcán. Deseaba a ese hombre.

Bajamos juntos y gentilmente me ofreció su paraguas para resguardarme de la lluvia. Me agarre a su brazo y comenzamos a andar a paso ligero. Tan absorta iba que ni siquiera reparé en que al andar su brazo no dejaba de rozarme los pechos. Puffffffffff, a esas alturas me veía ya incapaz de controlar mis gemidos, tal era la calentura que tenía.

-Te noto nerviosa, -me dijo entonces- Si te sientes incómoda por algo me lo dices.

-Nooo. Para nada. Al contrario, me siento muy agradecida. Es Ud. todo un caballero, -le dije cada vez más ruborizada.

Llegamos finalmente al edificio y, una vez dentro, solo acerté a darle de nuevo las gracias por su amable gesto y que estaba encantada de conocerle.

-¿Cómo se llama le pregunté?

-Mario, pero por favor, no me hables de Ud. Puedes tutearme. Y para mi por supuesto que ha sido un placer conocerte. Me pareces muy linda -contestó de nuevo con sus ojos clavados en los mios.

 

-Gracias, es muy amable. Mi nombre es Juli, -contesté y cada uno tomó su camino. Yo por supuesto maldiciendo no haber tenido el valor de pedirle su número de teléfono, e incapaz de borrar de mi pensamiento todo lo experimentado a su lado en el bus y después bajo la lluvia. Solo recordar el roce de su pierna contra la mía, o el involuntario contacto de su brazo contra mis pezones y mi entrepierna ya estaba de nuevo totalmente húmeda y muy, muy caliente.

 

Por supuesto que esa mañana no fui capaz de prestar atención en clase ni un segundo. En mi mente solo estaba Mario. Deseaba a ese hombre. Quería hacerlo mio. Y así pasé la mañana soñando que me estrechaba entre sus brazos y me besaba la boca mientras su cuerpo se fundía con el mio........