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Me llaman del burdel, me preguntan si mi culito es virgen, es lo que quiere un cliente. ¿Por qué esa manía con la virginidad? ¿Con ser los primeros? Quizá quieran ser los primeros en ensuciar la intimidad.
Me han mandado a una boutique. Me dan un vestido liso ceñido, azul oscuro, viste por encima de las rodillas y las mangas por encima de los codos. Está rematado con un cuello tipo bebé, blanco y redondo. El color blanco también remata las mangas. Debo lucirlo con tacones, bolso de mano y el pelo liso con raya en el centro. ¿Voy a ser la niña mala aparentando ser buena, o la niña buena a la que le van a enseñar a ser mala? Cuando llego al burdel me dicen que me espera en la habitación de los espejos. Allí todo está dispuesto para que veas tu cuerpo desde todas las direcciones, hasta el suelo es un espejo. Se puede entrar desde todas las habitaciones de las putas, para que los clientes con dinero lo aflojen sin impedimentos.
Cuando entro tiene un juguete en la mano, una especie de cono con bolitas cada vez más grandes.
-¡Quítate las braguitas!, me dice. Subo poco a poco mi vestido, arremangándolo con los dedos, alargando la espera de lo que busca. Sé lo que está esperando ver y ya no me ve a mí, sólo ve su fantasía. Cada vez me fascina más este control sobre los hombres. Creen que se adueñan de nuestra intimidad y es nuestra intimidad quien se adueña de ellos. Meto las manos por los laterales de las braguitas y me las bajo despacio sin dejar de mirarle a los ojos.
-¡Ponte de rodillas!. Obedezco
-¡Ponte sobre los codos!. Vuelvo a obedecer.

Somos muchas las mujeres que necesitamos de algo diferente en el sexo (hablo en plural por que quiero creer que realmente es así,y no solo yo llevo encima esta penitencia , o este castigo tan placentero,quien sabe).A veces, quizás por vergüenza hacia la pareja, y quizás por la otra parte la no suficiente implicación y confianza, hace ocultar lo que realmente nos satisface.(Digo así por qué a muchas no se atreverán a decirlo y a otras  les suda el coño como a mí el decirlo). Me considero una mujer tremendamente activa sexualmente,aún no pasé el Tabú de bajar a la calle cuando siento (ese quemazón en mi coño) y que en el trabajo no conseguí satisfacer y ir a buscar a alguien que me lo calme. Quizás porque se que no encontraré alguien con la química suficiente para hacerme disfrutar de verdad.Quizás ya no sea química, sinó alguien que sepa hacérmelo bien. Alguien que me atraiga ,que me despierte ese deseo de follarlo como  un animal salvaje y él instintivamente sienta lo mísmo, esa sensación de calmar por un tiempo largo mi quemazón, algo que por momentos creo que jamás conseguiré conseguir.

Amo el sexo, amo hacerlo, creo que sin él jamás podría vivir ,quizás hasta que me haga vieja, jajaja, ahí acabaré con este castigo o con esta bendición, quien sabe .

Necesito a ese hombre, que sabe follar a una mujer,

Con ganas. Muchas ganas de sexo del bueno, del salvaje.

De ese que cura los males pulmonares y alivia espasmos musculares. Del bueno, que rejuvenece. Con ganas de falo duro, firme y caliente. De embates que me provoquen inundaciones mayúsculas. De dedos traviesos en mi vagina. De lengua ávida de mi sexo. De manos que nalgueen mi grupa fabulosa. De besos franceses, besos de Singapur, besos negros. De mordisquitos en las tetas, en los labios, en el cuello, la nuca, las nalgas.

Toda una vida de mujer casada, más de cuarenta, menos de cincuenta, soy de esas mujeres digamos macizas, buenos pechos, ancha espalda, anchas caderas, gruesos muslos, ojos cafés, nariz respingada, finos labios, cabellos castaños prematuramente encanecidos, que en mi juventud llegaban a mi cola, pero que en la actualidad lo uso corto, hasta con la nuca rapada.

Soy de carácter tranquilo, de meditar las cosas, de pensar antes de actuar.

Y toda mi vida fui ese estereotipo de mujer perfecta, ama de casa, madre, fiel a su hombre, de correcto vestir, de excelentes modales, cero vicios, ese tipo de persona con un prontuario intachable, nunca un desliz, nunca pisar en falso…

Mi esposo, un importante ejecutivo que se la pasa metido en su empresa, su vida en sí misma es esa empresa, y vive girando en derredor del mundo, la mayoría del tiempo con el culo arriba de un avión, ya me acostumbré a esa vida, y solo sé que tengo parte de él, lo amo a mi manera, el me ama a su manera, nuestro matrimonio se transformó poco a poco en una sociedad, como que estamos juntos pero cada quien tiene su vida, y honestamente, no imagino mi vida sin el gordo.

 
 

Hacia frio ese día y la lluvia golpeaba los cristales del ómnibus que como cada mañana me llevaba al Campus. El día era gris y por dentro me encontraba inquieta, no sólo por las inclemencias del tiempo, si no por un turbador sueño que me había despertado a mitad de la noche. No recuerdo con exactitud lo ocurrido durante el sueño, pero sí que me desperté con una extraña sensación. Me levanté al baño y al mirarme al espejo comprobé que tenía las mejillas coloradas lo que desdibujaba las pequitas de mi cara. Sentía calor ahí abajo. Mucho calor. Y casi involuntariamente mi mano, sorteando el elástico de mi pijama, se coló dentro, se deslizó por encima de mis braguitas de algodón y al alcanzar mi sexo lo noté inusualmente húmedo. Mis dedos recorrieron mi sexo un ratito por encima de la suave tela y un escalofrío recorrió mi cuerpo.