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Hacia frio ese día y la lluvia golpeaba los cristales del ómnibus que como cada mañana me llevaba al Campus. El día era gris y por dentro me encontraba inquieta, no sólo por las inclemencias del tiempo, si no por un turbador sueño que me había despertado a mitad de la noche. No recuerdo con exactitud lo ocurrido durante el sueño, pero sí que me desperté con una extraña sensación. Me levanté al baño y al mirarme al espejo comprobé que tenía las mejillas coloradas lo que desdibujaba las pequitas de mi cara. Sentía calor ahí abajo. Mucho calor. Y casi involuntariamente mi mano, sorteando el elástico de mi pijama, se coló dentro, se deslizó por encima de mis braguitas de algodón y al alcanzar mi sexo lo noté inusualmente húmedo. Mis dedos recorrieron mi sexo un ratito por encima de la suave tela y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

 

Antes de comenzar me presentaré, me llamo Nicolás y tengo 28 años, los mismos que mi novia Andrea. Llevamos saliendo seis años y nuestra relación va viento en popa. En lo sexual somos una pareja bastante activa y practicamos infinidad de cosas, desde el “aquí te pillo aquí te mato” hasta fines de semana planeados para que nuestra principal preocupación sea el satisfacer sexualmente a nuestra pareja. El juego que más practicamos y que más nos va es que la ate con cuerdas y pañuelos de seda. Al principio todo comenzó como una típica fantasía de vendarle los ojos y atarla a la cama pero con el tiempo y a base de práctica los juegos son ahora de bondage total, utilizando metros de cuerda sobre su cuerpo. Es impresionante es ver como ella cuanto más atada e indefensa está más libre se siente y sus orgasmos son mucho más poderosos.

Hace tres semanas cumplíamos los seis años de relación y lo decidimos celebrar pasando el puente de Todos Los Santos en una casita de turismo rural en los Pirineos. Tras preparar mi maleta con todo lo necesario para que ese fuera un viaje inolvidable me fui a hacer unas cuantas compras a un centro comercial. Tenía una lista de compra con la comida y otras cosas que debía comprar, como nata, chocolate líquido, vino, cava, velas, incienso y pilas (para su vibrador). Como a Andrea le encanta la lencería decidí comprarle algo como regalo de aniversario. Buscaba algo sexi y me decidí por un conjunto de sujetador, liguero y tanga. Todo negro de encaje que insinuaba más que tapaba. Para llevarle el conjunto completo le compré también unas medias negras que tenían un tacto increíble.

La fui a buscar a la salida de su trabajo y tras unas dos horas de viaje llegamos a nuestro destino. Al llegar abrimos una botella de vino y le di mi regalo a Andrea y ella se quedó algo chafada porque no me había comprado nada a mí, ni yo esperaba nada dado que nunca nos habíamos hecho regalos en los aniversarios pasados. Se tomó de un trago su copa de vino y abrió la bolsa donde llevamos las cuerdas y demás complementos sexuales. Sacó una cuerda, me quitó la camisa y me ató las manos en la espalda. Yo me sorprendí bastante porque siempre soy yo el que la ato a ella pero le dejé hacer. No me había atado nunca antes pero sabía lo que hacía porque mis muñecas quedaron tensas pero cómodas. Al terminar con mis muñecas cogió otra cuerda y me ató los codos, lo cual ya no era tan cómodo.

Me ha costado mucho hacer todo este relato, pero al final decidí ponerlo en mi web porque forma parte de mí, así soy y así me defino.

Me defino como una chica natural, tal cual me veis, sin hacer un papel en mi trabajo (lo que no sé si será bueno o malo) laughinglaughinglaughing . Natural al igual que mis fotos, que trato de sacar yo, pues me parece la mejor forma de demostrar la naturalidad de una misma, en fin, sin retoques ni tonterías. Igual en tema Marketing no quede tan bonito ni llamativo, pero así soy  para quien le guste, ya que hay gustos indefinidos.

Hacía tiempo que estaba aburrida de Juan, mi pareja. Aunque el sexo era increíble con él, no podía parar de ver tíos por la calle y imaginándomelos en grupo... Me fui dando cuenta que con los años mis gustos habían cambiado. Me fijaba sobretodo en los más jóvenes, adolescentes de instituto que podrían ser mis hijos. ¡Qué fuerte decirlo, pero así eran mis fantasías sexuales! La idea de tener a unos cuantos a la vez me ponía enferma y esa idea tan descabellada empezó a surgir en mi trabajo. Cada día me imaginaba a mis compañeros enfundados en esos monos azules tan masculinos…. Haciéndome un increíble bukake.

Yo trabajaba en un ambiente totalmente varonil y en él, sólo había la clase de hombres ‘machitos alfa’ que les gusta ponerse en el papel de dominante. Entre ellos formaban un grupo indiscutiblemente potente, con las clásicas bromas ‘machistas’ que no hacen gracia a nadie más que a ellos. Las humillaciones que hacían eran constantes y aunque obviamente todo aquello estaba faltando a mi ética y moral como mujer, tengo que reconocer que en el fondo la situación me ponía cachonda porque yo era una sumisa en el sexo.

Llegué a creer que todas aquellas bromas tenían que ver con mi físico. La verdad es que, modestia aparte, siempre he sido una mujer atractiva, con piernas largas, culo respingón y pechos firmes. La cara es lo que siempre me han alabado más por mis facciones finísimas, ojos azules y boca grande, pómulos marcados y nariz pequeña. Los hombres siempre me han mirado mucho, pero en el trabajo la cosa debía ser diferente por protocolo, y creo que eso les jodía vivos. No podía dar bola a ninguno para no tener problemas y sin embargo, debía seguir la corriente a los pesados de los clientes, cosa que les repateaba a todos.

Así que un día, en mi turno de noche habitual, decidí pasar a la acción. Me vestí con mi uniforme habitual pero me desabroché un par de botones de la camisa blanca. Mis tersos pechos se asomaban formando un precioso canalillo y la falda de tubo que era hasta la rodilla, la subí un palmo hasta media pierna.Dejé las bailarinas de siempre a un lado y me puse un tacón alto que estilizaba todavía más mis piernas. Desaté mi larga y rubia melena del moño opresor y pinté mis labios de color carmín. En el turno de noche calculé que serían unos 10 tíos trabajando en el almacén. Los del almacén eran siempre los más fuertes, jóvenes y guapos. La verdad es que todos los jóvenes me parecían tremendamente guapos y yo por la edad que tenía, estaba buenísima, así que la idea del bukake tampoco era imposible, pensaba yo.

Me dirigí sigilosamente hacia el almacén, intentando que mis tacones no hicieran demasiado ruido. Pero ¡mierda, era demasiado pronto para entrar en acción! En la entrada sólo había dos chicos jóvenes descargando un camión y rápidamente tuve que pensar en cambiar la estrategia para conseguir mi objetivo.

El enfoque que no me gusta de muchos de vosotros, es que cuando veis a una puta independiente  os creéis que tiene que aguantar de todo, pues no, no es así. Preocuparos cuando vais a clubs donde hay una chica (supuestamente independiente) o a pisos donde hay más chicas, esas chicas la mitad son independientes y otra mitad quizás no. Y vosotros ayudáis  al consumo de sexo de mujeres explotadas.

Así que por favor, a algunos hombres les pediría que pensaran las cosas antes de hablarlas  ya que pueden herir a muchas chicas con sus preguntas, ya que en el fondo les gusta saber mucho y no hacer nada al respeto.